#19J: La política de “tierra quemada” en Sudán del Sur

Denominado el país más joven, ya que nació en 2011. Todo se vino abajo en el 2013, cuando el presidente Salva Kiir acusó a su vicepresidente destituido, Riek Machar, de tratar de derrocarlo del poder en un golpe de Estado. Las hostilidades estallaron a lo largo de las líneas tribales, ya que la comunidad nuer respaldó al líder rebelde Machar, mientras que la tribu dinka se alineó con el presidente.

Según el informe de la ONU sobre este conflicto, desde que estalló la guerra civil en Sudán del Sur en 2013, la violencia predomina en el país: tienen lugar “graves violaciones contra el derecho internacional humanitario, violaciones graves contra la ley internacional de los derechos humanos y abusos contra los derechos humanos han sido perpetrados por todas las partes involucradas en el conflicto”.

“Durante los ataques del SPLA” (siglas en inglés para el ejército de Sudán del Sur), las mujeres y niñas fueron consideradas una mercancía y fueron tomadas junto con los bienes civiles, a medida que los soldados se desplazaban a través de los pueblos.

En 2014 habían registrado desde la Misión en Sudán del Sur de Naciones Unidas 73 denuncias relacionadas con violencia sexual en el conflicto, 42 de ellos fueron secuestros y 3 dieron lugar a matrimonios forzados. Se dieron así mismo denuncias de violaciones, abortos forzados y humillaciones sexuales. 

En la última ola de violencia, la ONU denuncia 217 violaciones a mujeres. Los autores de estos crímenes son las fuerzas gubernamentales y la mayoría de mujeres atacadas son de la etnia nuer, la del líder opositor.

El Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, explica las cicatrices y los tabúes del conflicto: embarazos no deseados, exposición al VIH, dolor físico, cicatrices a nivel psicológico y emocional, riesgo de aislamiento social, menos probabilidades para las víctimas de contraer matrimonio. Y tal vez, lo peor de todo, el matrimonio forzado con el perpetrador. Para las víctimas de agresiones sexuales, en su gran mayoría mujeres, las posibles consecuencias de la violación y de otras formas de violencia sexual son desgarradoras y duraderas.

En este caso, es el uso de la violación como arma de guerra. Ahora, Naciones Unidas ha documentado con detalle otra versión de este crimen: “la violación como salario en Sudán del Sur. Son más de 1.300 violaciones de mujeres y niñas en el disputado estado de Unity, que chapotea sobre enormes bolsas de petróleo. Los autores de estos crímenes son milicianos enrolados no sólo con los rebeldes, sino con el propio gobierno de Sudán del Sur”.

Los hechos que están ocurriendo en este conflicto suponen una violación, entre muchos otros, del artículo 8.2.xxii de la Convención de Ginebra: cometer actos de violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada y cualquier otra forma de violencia sexual.

Quemaban a las personas hasta darles muerte… las sofocaban en contenedores de embarque… saqueaban y destruían aldeas… y violaban a cientos, si no es que miles, de niñas y mujeres… a veces por grupos de soldados, quienes lo hacían en presencia de familiares y se llevaban a sus víctimas como una propiedad”.

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