Argentina: 80% de las denuncias por abuso sexual del 2019 fueron a través de las clases de Educación Sexual Integral

La importancia de la Educación Sexual Integral en las cuestiones de abuso, violencia y desigualdad de género son claras y notorias si se parte de la base de que la información nos empodera y proteje en todos los sentidos de nuestra vida y nos permite advertir sobre la integridad de nuestros cuerpos; en otras palabras, la única manera de hablar de derechos vulnerados es conocer los derechos.

En Argentina, la Educación Sexual Integral (ESI) desde el año 2006 es Ley (26.150) y se incluye dentro del Programa Nacional con el objetivo de garantizarse a todos los niños, niñas y adolescentes. Su primer artículo establece que “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”. Sin embargo, y a pesar de su reglamentación, existen distintas controversias en torno a su aplicación, las cuales se relacionan con la subjetividad (y en muchos casos oposición) por parte de quienes imparten educación en los distintos establecimientos educativos, tanto públicos como privados; los padres y las madres.

Según el Ministerio Público Tutelar de Buenos Aires, que toma declaración a menores en procesos judiciales contra la integridad sexual, las clases de ESI son fundamentales para que menores adviertan si son víctimas de estos delitos. Tal es su importancia que en el año 2019, según el análisis de casos de abuso sexual infantil en la Ciudad de Buenos Aires se desprende que entre el 70% y el 80% de las niñas, niños y adolescentes se dieron cuenta que fueron abusados sexualmente después de sus clases de Educación Sexual. De esta manera, esta herramienta les permitió por un lado darse cuenta de que fueron víctimas de un delito, y por otro lado abrió un espacio de confianza en el establecimiento educativo que les permitió contar lo sucedido.

Observando los resultados, y dada la clara importancia de la ESI para identificación de delitos, para la formación y la toma de conciencia desde tempranas edades, es indispensable que mejore su funcionamiento, lo que permitiría disminuir los casos de abuso y violación. Ello implicaría capacitar a los y las docentes (que hasta ahora no ha sido obligatorio), ser transversal a todas las materias, y realizar campañas denotando su importancia para padres y madres, que muchas veces son los primeros que se oponen, lo que coincide con que muchos de los casos denunciados sean intrafamiliares.

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