Campaña 25N “Mujeres ciegas: doble riesgo ante la violencia de género”

Por Laura Bolaños Giner, Equipo de trabajo del Observatorio de Violencia

Todas las mujeres, por el hecho de serlo, son potencialmente susceptibles de sufrir  violencia de género, pero hay algunas mujeres (y niñas) que por su condición, son especialmente vulnerables a ella, como por ejemplo las mujeres que tienen algún tipo de diversidad funcional (física, mental, sensitiva). En estos casos, las mujeres son doblemente discriminadas, por su condición de mujeres y la diversidad funcional.

Con motivo de la campaña de 16 días de activismo contra la violencia de género, la Fundación Mujeres ha querido centrarse en aquellos grupos de mujeres con mayor riesgo de sufrir y poder salir de la violencia de género, como las mujeres rurales, las mujeres inmigrantes o las mujeres con alguna diversidad funcional. Dentro de estas últimas, no podíamos dejar de lado a las mujeres ciegas, sordo ciegas o con deficiencias visuales. La falta total o parcial de la visión supone para estas mujeres un gran obstáculo para acceder a la información, a las campañas de prevención, sensibilización y concienciación y a los recursos de asistencia social. Además, son más vulnerables a la violencia al tener menor capacidad para defenderse frente al agresor. El aislamiento social, la menor autonomía y la mayor dependencia de terceras personas son otros factores de riesgo. En algunos casos el miedo a perder a la persona o personas que las ayudan o cuidan las puede llevar a silenciar su situación de violencia.

Si a todo esto le añadimos que la información, los recursos, programas y políticas y las instituciones (sanitarias, educativas, judiciales…) no están adaptados a las necesidades de las personas con diversidad funcional, se complica mucho la posibilidad de estas mujeres de salir de la situación de violencia ejercida contra ellas. Muchas mujeres con diversidad funcional ni siquiera son conscientes de que son víctimas de violencia precisamente por estas razones.

Los últimos estudios y encuestas en España han sacado a la luz (en base a los datos de la Macroencuesta de 2015 sobre Violencia de Género) que el 31% de las mujeres con diversidad funcional ha sufrido o sufre algún tipo de violencia por parte de su pareja o expareja, más del doble que las mujeres sin diversidad funcional (12,5%). Aquí debemos hacer un apunte, no debemos circunscribir la violencia contra las mujeres al ámbito de la pareja y expareja. Esto ha de tenerse muy en cuenta sobre todo a la hora de analizar y actuar sobre la violencia de género contra este colectivo de mujeres ya que un gran porcentaje (68% en 2004) vive en instituciones, por lo cual, la violencia contra ellas puede venir ejercida por personal sanitario, de servicios, personas cuidadoras o familiares.

Los pocos datos específicos que tenemos sobre mujeres ciegas o con alguna deficiencia visual que han sufrido o sufren violencia de género nos los ha proporcionado la ONCE. En 2013, la organización denunció que las mujeres ciegas o con otra deficiencia visual tienen cuatro veces más riesgo de padecer violencia de géneroEn 2016 revelaron que por cada mujer asesinada diez quedaron incapacitadas, y que el pasado año atendieron a 500 mujeres con diversidad funcional por violencia de género.

En cuanto a Latinoamérica, María Gloria Gutiérrez, la segunda vicepresidenta de la Unión Latinoamericana de Ciegos (ULAC) afirmó que “el 90% de las mujeres ciegas o con discapacidad visual de Latinoamérica ha sufrido algún tipo de violencia en su vida”. Además sentenció que “las mujeres con discapacidad visual de esta parte del planeta no asumen todavía que son, ante todo, mujeres, personas con derechos que tienen además una discapacidad, pero que también pueden luchar para superarla.”

Por todos es sabido, que algunas de las consecuencias de la violencia ejercida contra las mujeres pueden conllevar graves secuelas físicas, como una diversidad funcional. Hay miles de casos de mujeres alrededor de todo el mundo que han quedado dañadas física, mental o sensitivamente como consecuencia de la violencia que se ejerció contra ellas. Parece que cuando estos casos salen a la luz hay una mayor concienciación social sobre diversidad funcional y violencia de género. Parece que sólo nos damos cuenta o nos acordamos de actuar cuando la violencia se ha consumado y ha tenido consecuencias, cuando ya se ha llegado al punto final. Pero, ¿qué pasa con aquellas mujeres víctimas de violencia de género con alguna diversidad funcional que no ha sido adquirida por la violencia ejercida contra ellas?

Parece que sólo si la diversidad funcional es fruto de la violencia, se tiene en cuenta a este grupo de mujeres y se adapta la ayuda y la protección a su situación, pero es que hay mujeres diversas, que precisamente por ser mujeres y por contar con alguna diversidad funcional sufren violencia de género. Esto se utiliza en su contra, aprovechándose de su vulnerabilidad, de sus posibles limitaciones, dificultades y dependencias.
No debemos esperar a que una mujer quede dañada como consecuencia de la violencia ejercida contra ella para adaptar la información, la asistencia y la protección hacia ellas.

Pese a la situación de invisibilidad que sufren las mujeres con diversidad funcional víctimas de violencia de género, en los últimos años distintas instituciones y organismos se han percatado de este hecho y han tomado medidas para garantizar que cuando se hable y se actúe contra la violencia de género se tenga también en cuenta a las mujeres de este colectivo. Los mayores logros para las mujeres ciegas o con deficiencias visuales graves han venido de la mano de la ONCE, cuyo Observatorio de Igualdad de Oportunidades y su Fundación llevaron a cabo para el periodo 2011-2015, la elaboración de un Plan de Actuación de la Violencia de Género dirigida a las mujeres afiliadas. El Plan se articuló en torno a cinco áreas: diagnóstico, información, formación, concienciación y apoyo a las víctimas.

La ONCE ha colaborado a su vez con varias administraciones públicas para visibilizar y adaptar los programas y medidas a las personas con discapacidad visual, así como para formar a los profesionales sobre violencia de género y discapacidad. En 2013 junto a la Confederación Nacional de Mujeres en Igualdad, se adaptó al braille el folleto de la campaña “Hay salida a la violencia de género” que informa a las mujeres sobre los trámites que deben seguir en caso de considerar que están sufriendo violencia. La Fundación CERMI Mujeres también adapta su información a las mujeres ciegas.

Distintos organismos  como la Dirección General de la Mujer en Cantabria (2008), el Ayuntamiento de Bilbao (2014), el Gobierno de Aragón (2016), la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades y la Dirección General de Mujer de Murcia (2017) han elaborado guías, planes y protocolos de actuación y atención para mujeres con diversidad funcional, algunas centradas específicamente en las mujeres ciegas. Otras instituciones como la Obra Social de La Caixa también han elaborado programas de apoyo y prevención de la violencia de género en mujeres con esta situación.

Todas estas medidas arrojan luz a la olvidada situación de las mujeres con diversidad funcional víctimas de violencia de género pero, hasta que la información sobre prevención y sensibilización, así como el acceso a los recursos de asistencia y protección no se adapten de forma universal a todas las posibles situaciones de las mujeres, se estará dejando el trabajo a medias.

No tener en cuenta en las políticas de materia de género a los grupos de mujeres más vulnerables (adultas mayores, mujeres rurales, inmigrantes, minorías étnicas, mujeres con alguna diversidad funcional, mujeres sin hogar…) supone dejar a un importante número de mujeres al margen, desprotegidas, olvidadas. Las políticas y medidas que se lleven a cabo en la lucha contra la violencia contra las mujeres deben ampliar miras y ver más allá, si quieren ser realmente inclusivas y efectivas. Debería ser una obligación de todos los organismos (Estado, asociaciones, Justicia, cuerpos de seguridad…) y especialistas tener en cuenta la heterogeneidad de mujeres para abordar de forma universal el problema de la violencia de género.

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