Campaña 25N”Mujeres sordas. Invisibilizadas ante la violencia de género”

Por Ana Carrión JiménezEquipo de trabajo del Observatorio de Violencia.

La erradicación de la violencia de género es una de las principales reivindicaciones de las organizaciones de mujeres con diversidad funcional a nivel internacional. Fruto de este activismo se logró que tanto en la Plataforma de Acción de Beijing (1995) como en la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Diversidad Funcional (2006), se hiciera mención específica a la necesidad de implementar medidas adecuadas sobre violencia de género en mujeres con diversidad funcional.

A pesar de que la discriminación de género añadida a la diversidad funcional, margina doblemente a esta parte del colectivo de mujeres, son todavía escasos los países cuya legislación contra la violencia de género han introducido estas recomendaciones. Una invisibilización que, según manifiestan las propias mujeres, también se reproduce a nivel de movimientos feministas.

En relación con las políticas nacionales dentro del Estado español nos encontramos con que algunas Comunidades Autónomas han puesto en marcha Planes de Acción para las mujeres con diversidad funcional. También se han hecho avances en servicios como el 016 de atención a víctimas de violencia de género que, desde 2015, es accesible para las mujeres sordas mediante una plataforma denominada “Svisual”,que las pone en contacto con las operadoras que responden las llamadas de cualquier  persona usuaria.

A pesar de estos avances, sigue habiendo obstáculos que ocasionan un fuerte déficit de plena ciudadanía de estas mujeres y es que, el impulso de las medidas que promuevan la igualdad de oportunidades de las mujeres sordas e hipoacúsicas concierne a todos la ciudadanía, organizaciones y entidades.

La situación de vulnerabilidad y las barreras a las que se enfrentan las mujeres sordas e hipoacúsicas que son víctimas de la violencia de género conforman una realidad totalmente desconocida para la mayor parte de la sociedad, incluso para aquellas instituciones encargadas de erradicar esta “lacra social”.

El análisis de la diversidad funcional a través de una perspectiva de género es un campo novedoso y de interés creciente. Esto se debe en parte, a que estas mujeres y niñas han estado “invisibles” tanto en los estudios de género como en las investigaciones sobre la diversidad funcional en lo que se conoce como la doble discriminación que afecta al colectivo. El interés de investigar género y diversidad funcional conjuntamente es evidente ya que nos permitirá conocer la realidad de este gran colectivo de mujeres que llevan además la etiqueta de discapacitadas.

Hasta la fecha no se había divulgado ningún estudio en profundidad centrado específicamente en las mujeres sordas e hipoacúsicas ante la situación de violencia de género. Ha sido el estudio sobre la Situación de las Mujeres Sordas  ante la Violencia de Género, desarrollado por Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) e INTRESS (Instituto de Trabajo Social y Servicios Sociales), el que ha sacado a la luz y ha dado visibilidad a una realidad poco conocida que afecta a uno de los colectivos con mayor riesgo de exclusión. Dicho estudio pretende encontrar herramientas para erradicar este tipo de violencia actuando sobre tres ejes fundamentales: prevención, atención integral y protección.

La situación de la mujer sorda en la vida pública es efímera e irrisoria, su participación es escasa tanto dentro del mundo de lo público como en áreas educativas y laborales. La experiencia de estas mujeres saca a la luz una clara situación de discriminación y relegación a un segundo plano. El grado de conciencia al respecto y su capacidad para percibirlo puede diferir de unas a otras, sin embargo suelen asumir una categoría inmovilista y tradicional inmersas en las normas sociales preestablecidas.

Son muchos los factores que las hacen más vulnerables a la violencia de género. Las mujeres sordas e hipoacúsicas desconocen sus derechos y su percepción sobre la violencia de género puede estar distorsionada debido a la dificultad de acceso a la información. Están más indefensas ante el agresor por sus dificultades para pedir ayuda, y son presa de múltiples miedos a la hora de plantearse una vida lejos del agresor. La falta de accesibilidad genera desconocimiento y las hace más dependientes teniendo un mayor riesgo de discriminación, vulnerabilidad e indefensión.

Otro factor a tener en cuenta es la sobreprotección y el paternalismo familiar. Estos limitan la capacidad de decisión, reducen la confianza en sus posibilidades y afecta a la autoestima. El enfrentamiento entre los papeles tradicionales asignados a la condición de mujer, la mayor dependencia de la asistencia y cuidados de otros, el miedo a denunciar el abuso por la posibilidad de la pérdida de los vínculos y la provisión de cuidados junto a la  falta de  credibilidad a la hora de denunciar hechos de este tipo ante algunos estamentos sociales, hacen que suponga un problema a la hora de denunciar la violencia.

Se hace necesario un compromiso de trabajar activamente por construir una sociedad donde las mujeres sordas e hipoacúsicas gocen de las mismas oportunidades. De este modo trabajan algunas asociaciones, como la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), que proponen medidas para la atención de las mujeres sordas e hipoacúsicas víctimas de violencia, entre ellas, la promoción desde las comisiones y redes de mujeres y el desarrollo de programas de sensibilización, prevención y empoderamiento de estas.

Las mujeres que sufren violencia de género necesitan el asesoramiento de una persona que pueda realizar las funciones de seguimiento, acompañamiento y apoyo durante todo el proceso. Desde asociaciones como la CNSE, se reclama una figura específica “mediadora ante la violencia de género a mujeres sordas e hipoacúsicas”, una profesional conocedora de la realidad de estas mujeres, con manejo de lengua de signos y de los recursos y necesidades ante situaciones de violencia de género. “Un servicio de mediación o intermediación polivalente, un centro entre la sociedad oyente, y los recursos institucionales, y la comunidad sorda, que actuaría como mediadores o haciéndoles llegar a las personas sordas e hipoacúsicas los recursos institucionales”.

Desde la campaña #25N #Juntas queremos dar visibilización, difusión y concienciación sobre la necesidad de que la información y los recursos que abordan la violencia de género se adecúen y estén al alcance de todas las mujeres.

Demandamos políticas, legislaciones y estrategias públicas que protejan y empoderen a estas mujeres y garanticen plena accesibilidad de las personas sordas a las campañas de sensibilización y los servicios de ayuda. Es necesario propiciar que las políticas dirigidas a las personas con discapacidad tengan en cuenta en todo momento, la perspectiva de género. Reclamamos que el Pacto de Estado contra la violencia de género promueva más medios para prevenir esta violencia hacia las mujeres sordas o hipoacúsicas ante la situación de extrema vulnerabilidad.

 

 

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