Día Internacional de las Mujeres Rurales

Por Estela Soage Casalderrey- Equipo de trabajo del Observatorio de Violencia

El primer Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido por la Asamblea General en su Resolución 62/136, de 18 de diciembre de 2007, reconoce “la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural”.

Las mujeres son la piedra angular de la economía rural, especialmente en los países en desarrollo, a pesar de las diferencias que se dan con respecto a los hombres, en cuanto al acceso a las tierras, a los materiales de plantación y la formación para realizar tales tareas.

Está demostrado que si se potencia el papel de las mujeres rurales y se realiza una inversión en actividades que aumenten de manera significativa su productividad, el hambre y la malnutrición se verían reducidos y se mejorarían así los medios de vida rurales, saliendo beneficiada la mujer y la población en su conjunto.

Las mujeres rurales dependen en su mayoría de los recursos naturales y la agricultura para subsistir, y representan una cuarta parte del conjunto de la población mundial. En los países en desarrollo, las mujeres rurales suponen aproximadamente el 43% de la mano de obra agrícola y producen, procesan y preparan gran parte de los alimentos disponibles, por lo que sobre ellas recae la gran responsabilidad de la seguridad alimentaria. Teniendo en cuenta que el 76% de la población que vive en la extrema pobreza se encuentra en zonas rurales, garantizar el acceso de las mujeres rurales a recursos agrícolas productivos las empodera, contribuyendo a reducir el hambre y la pobreza en el mundo.

El promedio de mano de obra agrícola en los países en desarrollo mediante tareas realizadas por mujeres constituye el 43% del total. Por lo general, las mujeres rurales trabajan más horas que los hombres, realizando tareas con un alto coeficiente en mano de obra por el cual obtienen salarios más bajos que los hombres teniendo en cuenta las tareas productivas remuneradas y sus responsabilidades reproductivas o domésticas y familiares que no les son retribuidas. Éstas últimas se consideran horas de trabajo que no se igualan con las que realizan los hombres, como lo demuestran diversos estudios realizados sobre las cuestiones de las responsabilidades domésticas y familiares.

Por lo general, las mujeres obtienen un rendimiento entre un 20% y un 30% inferior al de los hombres a pesar de que diversos estudios establecen que las mujeres son tan eficientes como los hombres y que tendrían el mismo rendimiento si pudieran tener el mismo acceso a los recursos y a los servicios productivos. Por lo tanto, esta reducción de la brecha de género en materia de rendimiento, impulsaría la seguridad alimentaria y la nutrición a nivel mundial.

Las familias no pueden mantenerse solamente mediante actividades agrícolas ya que la economía no agrícola se está convirtiendo cada vez más en una fuente de ingresos importante para los núcleos familiares. Sin embargo, se produce el impedimento de que las mujeres rurales no se encuentran en igualdad de condiciones a la hora de tener acceso a las oportunidades de un empleo fuera del ámbito rural.

En la actualidad, las personas que se dedican a la agricultura, la pesca y el pastoreo se encuentran en una situación límite en relación con la inseguridad alimentaria, ya que las temperaturas aumentan, los patrones climáticos son cada vez menos predecibles y los desastres climáticos son cada vez más frecuentes. Ante estas situaciones, las mujeres rurales se encuentran en el centro de este desafío, potenciándose como agentes clave en los sistemas alimentarios, como pequeñas agricultoras y personas a cargo de garantizar la alimentación adecuada para las familias.

Sin embargo, sus voces no son escuchadas y tienen opciones limitadas. Las mujeres agricultoras tienen menos control sobre las tierras que los hombres, ya que menos del 20% de quienes poseen tierras son mujeres tendiendo un acceso limitado a insumos, semillas, créditos, tecnologías inteligentes o financiamiento. Se puede afirmar que las mujeres rurales son exponencialmente más vulnerables y están más marginadas, aún ya sea permaneciendo en sus lugares de residencia para cuidar a sus familias, a las comunidades cuando acechan los desastres, o así migren para encontrar alimentos, seguridad y trabajo decente.

El empoderamiento de las mujeres rurales es un requisito previo para lograr la visión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que propone poner fin a la pobreza y el hambre, alcanzar una seguridad alimentaria y empoderar a todas las mujeres y las niñas rurales.

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