Cuando “ser latina” se convierte en un fetiche: sexualización, estereotipos y explotación. #23S #MásDerechosMenosTrata

25 de septiembre de 2026 | Observatorio de Violencia

Carteles de publicidad en la calle.

¿Qué significa realmente cuando alguien dice: “ me gustan las latinas”?

A primera vista puede resultar, si se quiere, como un tipo de alago o cumplido. Sin embargo, detrás de esa misma expresión puede estar oculto algo más profundo: la construcción de la misma imagen de las mujeres latinoamericanas como sensuales, exóticas, apasionadas, cariñosas o disponibles. Ya no se aprecia a una mujer concreta, con su historia y personalidad, sino a la “mujer latina” como una categoría cargada de expectativas.

La fetichización surge precisamente cuando una identidad, en este caso el origen latinoamericano y el hecho de ser mujer, se convierte en un objeto de deseo y las características individuales de una persona pasan a segundo plano y se reducen a estereotipos atribuidos a un grupo. Esto cobra relevancia y resulta ser todo un problema cuando se cruza con la migración, la precariedad económica y las desigualdades de género.

Se trata de analizar como determinados imaginarios pueden “normalizar” expectativas sobre el cuerpo, la sexualidad o el comportamiento de las mujeres.

Entonces la pregunta es: ¿En qué momento una preferencia aparentemente inocente deja de reconocer a una mujer como individuo y comienza a reproducir una estructura de desigualdad?

Etnosexualización y exotización de mujeres latinoamericanas

El Estudio sobre prostitución en contextos digitales del Instituto de las Mujeres identifica la etnosexualización como una de las estrategias presentes en los anuncios de prostitución. Resulta ser como una suerte de estrategia utilizada para convertir el origen étnico y determinados rasgos físicos de las mujeres en elementos de atracción.

Muchos anuncios utilizan las palabras “exótica” o “ mulata” como asociados a mujeres latinoamericanas, presentando sus cuerpos y su procedencia como atributos sexuales destinados a aumentar su deseabilidad. Por lo que, la identidad deja de ser una característica personal para convertirse en parte del producto que se ofrece y consume.

En el análisis realizado por el Instituto de las Mujeres, de 114.576 anuncios, el estudio encontró que el 23,27 % (26.659 anuncios) incluían términos asociados a modelos de etnosexualización.

Estereotipos de mujeres latinas y trabajo/cuidados

La imagen de “la mujer latina” no surge de manera espontánea, sino que se ha construido y reproducido a través de diferentes representaciones sociales y culturales.

El instituto de las Mujeres ha señalado como  medios de comunicación, la publicidad y la cultura popular han contribuido a asociar a las mujeres latinoamericanas con características como la sensualidad, el atractivo físico, la calidez o la docilidad y pueden influir por ellas para determinados trabajos de cuidados. 

Como señalan Camila Hernández Martínez y Patricia Vilanova Becker, las mujeres latinoamericanas en España son frecuentemente objeto de procesos de radicalización e hipersexualización. Las autoras, retomando a la filósofa María Luisa Femenías, advierten que estos estereotipos pueden “borrar” las experiencias individuales y producir una imagen “monolítica” de las mujeres latinoamericanas como “lo OtrO” devaluado, exótico o inquietante. Así, la categoría «latina» deja de describir simplemente un origen geográfico y comienza a cargarse de expectativas sobre el cuerpo, la personalidad y la sexualidad de las mujeres.

El problema aquí es cuando estas ideas dejan de ser simples representaciones y comienzan a determinar cómo se espera que una mujer latina sea, se comporte o incluso qué lugar debe ocupar.

Cuando el estereotipo se cruza con la vulnerabilidad

El estereotipo deja de ser solo una mirada y empieza a tener consecuencias en la posición que ocupa la mujer, ya que sus efectos no se limitan al ámbito de las relaciones personales o de la sexualidad. También pueden interactuar con otras desigualdades, especialmente cuando se trata de mujeres migrantes.

La asociación de las mujeres latinoamericanas con características como ser cariñosas, cuidadoras, pacientes o dóciles puede coincidir con su concentración en sectores feminizados, como el trabajo doméstico y de cuidados. En este sentido, la OIT señala que las trabajadoras domésticas migrantes pueden enfrentarse a vulnerabilidades adicionales relacionadas con la contratación precaria, el aislamiento social y cultural, la falta de información sobre sus condiciones laborales y una protección laboral insuficiente. Esto no significa que un estereotipo conduzca automáticamente a una situación de explotación, pero sí permite observar cómo determinados imaginarios sobre las mujeres migrantes pueden interactuar con desigualdades económicas, laborales y de género, contribuyendo a crear contextos en los que resulta más difícil ejercer y defender los propios derechos.

Cuando la fantasía se convierte en explotación

 Hasta aquí, hemos visto cómo determinados estereotipos pueden influir en la forma en que las mujeres latinoamericanas son percibidas y cómo, al cruzarse con factores como la migración, la precariedad laboral o las desigualdades de género, pueden generar contextos de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, es importante distinguir entre vulnerabilidad y explotación: ninguna de estas circunstancias convierte automáticamente a una mujer en víctima de trata. El problema aparece cuando estas desigualdades son aprovechadas para ejercer control, obtener un beneficio económico o limitar la capacidad de una persona para decidir libremente sobre su propia vida.

En este sentido, la Recomendación General nº 38 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) aborda específicamente la trata de mujeres y niñas en el contexto de la migración. El documento señala que las desigualdades de género, las situaciones de precariedad y determinadas condiciones asociadas a los procesos migratorios pueden aumentar la exposición de las mujeres a diferentes formas de explotación. Desde esta perspectiva, la trata no puede entenderse únicamente como un delito aislado, sino también en relación con estructuras de desigualdad que pueden colocar a determinadas mujeres en una posición de mayor vulnerabilidad.

Es precisamente en este punto donde la fetichización adquiere una dimensión especialmente preocupante. El problema no reside en que una persona pueda sentirse atraída por otra de un determinado origen, sino en que ese origen se convierta en una categoría sexual que lleva asociadas unas características previamente establecidas: sensualidad, docilidad, disponibilidad o exotismo. Cuando una mujer deja de ser percibida como una persona concreta y comienza a ser valorada en función de una fantasía construida sobre su identidad, se produce una forma de objetificación que contribuye a normalizar relaciones desiguales.

Cuando una identidad se transforma en un fetiche, el límite entre deseo y objetificación puede volverse difuso; y cuando ese imaginario se encuentra con situaciones de vulnerabilidad, precariedad y desigualdad, puede llegar a formar parte de contextos en los que la explotación resulta más fácil de producirse y de normalizarse.

Finalmente, quizás el verdadero problema no esté en decir “me gustan las latinas” o cualquier otra mujer por su procedencia, sino en todo aquello que damos por supuesto cuando pronunciamos esa frase. En última instancia, quizá la pregunta no sea simplemente por qué a alguien “le gustan las latinas”, sino qué significa realmente ver a una mujer como “latina” antes que como una persona.

Nota elaborada con el apoyo de Micaela Deroy, voluntaria de Fundación Mujeres. 

Infografía

Observatorio violencia