#19J #LoHacemosVisible. El papel de las mujeres en los conflictos armados

17 de junio de 2025 | Observatorio de Violencia

De acuerdo con los datos recogidos por Amnistía Internacional, alrededor del 40% de las personas combatientes en las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) fueron mujeres (Amnistía Internacional, 2024). Si retrocedemos aún más, durante los siglos XVIII y XIX, las conocidas como Amazonas de Dahomey sirvieron como mujeres soldado, conformando un ejército femenino a causa de la falta de hombres y gozando de un estatus especial en la sociedad (UNESCO series on women in African history, 2014). 

Estos datos contrastan con la visión tradicional reduce a las mujeres en situación de conflicto únicamente como sujetos pasivos, perteneciendo el rol activo y protagonista a los hombres. La historia demuestra cómo las mujeres también han formado y forman parte de las situaciones de conflicto desde todas las perspectivas posibles, excepto como protagonistas en los procesos de paz, como se verá a continuación. 

La violencia de género en contextos de conflicto 

La mujer en los conflictos armados ha sido históricamente concebida como objeto de violencia, sufriendo un impacto desproporcionado y diferenciado al de los hombres. Tal y como ponía de manifiesto Sima Bahous, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, las mujeres siguen pagando el precio de las guerras de los hombres (ONU Mujeres, 2024). 

Un ejemplo de ello fue la duplicación de los asesinatos de mujeres en conflictos armados durante 2023 con respecto al año anterior. A lo anterior se suman las 500 muertes diarias de mujeres y niñas por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, así como las 180 mujeres palestinas que daban a luz cada día sin la atención médica ni suministros básicos (ONU Mujeres, 2024).  

Asimismo, la violencia sexual, que también sufrió un aumento del 50% en 2023 con respecto al año anterior, según datos de la ONU, es un importante elemento a tener en cuenta en contextos de conflicto, debido a su impacto sistemático y su configuración como “táctica” o “arma de guerra” (test.observatorioviolencia.org/, 2025). 

Tampoco puede olvidarse la repercusión de los conflictos armados en los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres. En estos contextos, las niñas tienen un 90% menos de posibilidades de acceder a la educación, llegando a perpetuar el ciclo de desigualdad y exclusión a largo plazo (Amnistía Internacional, 2024).  

La otra cara: participación activa y combatiente de la mujer en los conflictos armados 

Contraria a la concepción tradicional sobre la mujer en los conflictos armados situada únicamente en un plano de objeto de violencia y de sujeto pasivo de violaciones de Derechos Humanos – la mujer como campo de batalla, como apuntaba Rita Segato (2014, p. 58) –, la realidad es que su papel ha trascendido mucho más, siendo agentes activos de los conflictos, combatiendo en primera línea, siendo activistas, cuidadoras, protegiendo e incluso organizando a las comunidades (Amnistía Internacional, 2024).  

La aceptación de estos roles más activos supone contar la “historia de ellas” y dejar de tratar a la “historia de los hombres” como la de la humanidad. Asimismo, también implica el dejar atrás el segundo plano en el que se siempre se han encontrado las mujeres, dándoles su lugar como protagonistas y parte activa de los conflictos (Joan Wallach Scott, 2008, pp. 36-37).  

Así, este paso se ha ido materializando de una manera más evidente desde el siglo XXI, con la progresiva apertura de las fuerzas armadas a las mujeres en algunos países o su inclusión en las misiones de paz de la ONU (Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, 2000). 

La relevancia de la Resolución 1325 (2000) sobre Mujeres, Paz y Seguridad 

En este nuevo impulso hacia el rol activo de las mujeres en las situaciones de conflicto, la Resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad jugó y sigue jugando un papel muy especial. 

Este instrumento nació tras años de esfuerzo y a raíz de una clara demanda: la necesidad de que las mujeres no desaparecieran de la negociación y consolidación de paz y como agentes clave tras los conflictos (Real Instituto Elcano, 2016). En este sentido, aunque se reconociera el papel de activo y pasivo de las mujeres en los conflictos, éstas desaparecían al llegar a los procesos de paz. Prueba de ello son los datos de ONU Mujeres, que evidenciaban que, entre 1992 y 2018, tan solo había un 13% de negociadoras, un 4% de signatarias y un 3% de mediadoras (ONU Mujeres, 2020, p. 19); además de un porcentaje muy bajo de cláusulas referentes al género en los acuerdos de paz, como muestra el siguiente gráfico: 

Fuente: ONU Mujeres, 2020, p. 19. 

Así, la Resolución 1325 (2000), y tal y como resalta ONU Mujeres, apareció para reconocer la importancia de la participación de las mujeres así como de la inclusión de la perspectiva de género en las negociaciones de paz, la planificación humanitaria, las operaciones de mantenimiento de la paz, la consolidación de la paz en las situaciones posteriores a un conflicto y la gobernanza (ONU Mujeres, s.f.). En esta línea, los países han desarrollado planes nacionales, estando vigente en España el II Plan Nacional de Acción de Mujeres, Paz y Seguridad, incidiendo en los objetivos de participación, prevención, protección y reparación (Instituto de las Mujeres, s.f.). 

Autora: Lidia Guardiola Alonso. Voluntaria Fundación Mujeres.

Esta campaña forma parte del activismo que se lleva a cabo con motivo del día 19 de junio, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, en el marco del “Programa para Educar en Igualdad y Prevenir la Violencia de Género. Hacia un voluntariado por el Buen Trato” de Fundación Mujeres, con la financiación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
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