¡Ni Una Menos!

Por Miriam Anta Domínguez Equipo de trabajo del Observatorio de Violencia 

Los feminicidios en Argentina representan cifras absolutamente demoledoras. Entre los años 2008 y 2015 se registró un aumento del 78% de los feminicidios.

Tan elevado es su porcentaje que el pasado junio desembocó en un grito colectivo llamado Ni Una Menos, que afortunadamente ha conseguido instalarse en la agenda política. Corresponde a un grito contra la violencia machista, a un grito que exige que paren los asesinatos de mujeres.

El país sufre un feminicidio cada 30 horas según las estadísticas. ¡Cada 30 horas! Lo cual equivale prácticamente a una mujer al día.

El último caso que ha azotado a este país ocurrió el pasado domingo, en la localidad de Hurlingham, cuando Diego Loscalzo, conocido como El Chino, asesinó a tiros a su pareja Romina Maguna, a cuatro de sus familiares e hirió a otras tantas personas, entre ellas una niña y una mujer embarazada.

Un nuevo caso de violencia machista que acabó en masacre y que como de costumbre, ninguna de los vecinas, vecinos y conocidos de las víctimas y del agresor esperaban que sucediese, a pesar de que Loscalzo había sido denunciado por violencia de género el pasado julio por su mujer, según los medios locales.

Según los testimonios de las y los vecinos, nunca habrían imaginado que pudiera hacer lo que hizo. Todo el mundo queda estupefacto, pero ¿cuánta verdad hay en esa estupefacción? Las violencias machistas ocurren a nuestro alrededor, en nuestra ciudad, en nuestro barrio, en nuestro bloque e incluso con nuestros amigos y conocidos. Siendo esto así, ¿Por qué nadie se espera que pase lo que siempre acaba pasando?

Tal vez esto es debido a la tolerancia que sigue existiendo con pequeños actos machistas rutinarios a los que no se les da la importancia que tienen y de los cuáles se asume que no van a llegar a nada más, cuando la realidad afirma lo contrario.

En Argentina, se han reforzado los servicios de asistencia a las víctimas, pero no se ha reducido el número de asesinatos, lo cual me lleva a hacer hincapié en la prevención y en la conciencia social.

No dejemos pasar actos violentos que “a priori” podemos pensar que no nos incumben, porque la violencia es algo que afecta a toda la sociedad y no tenemos ni debemos acostumbrarnos a convivir con ella.

Este caso se convierte en una muesca más, que nos recuerda que la lucha no ha terminado, que aún queda mucho camino por recorrer para que no volvamos a ver otra noticia de una mujer asesinada por el mero hecho de ser mujer.

Es momento de seguir moviéndose y luchando contra las violencias machistas.

 

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