¿Quién me quita a mí los recuerdos?

Por Lorena González Náñez – Equipo de trabajo del Observatorio de Violencia

La pregunta que da nombre a este artículo, fue formulada por el hijo de una víctima mortal de la violencia de género a la fiscal Soledad Cazorla Prieto en un seminario con víctimas.

Para conseguir un desarrollo psicosocial adecuado en niños y en niñas, es absolutamente necesario que el entorno que les rodea y, por tanto, donde van a crecer y a criarse, sea lo más seguro  posible. Este entorno está formado por tres agentes socializadores: la familia, la comunidad y el colegio. A medida que crecemos, vamos pasando por diferentes etapas de desarrollo, fijando y acumulando en cada una de ellas factores cognitivos y sociales necesarios para convertirnos en personas adultas con las herramientas necesarias para vivir en sociedad. Este aprendizaje social, se produce tras una continua interacción entre la persona y su medio, así como entre las relaciones interpersonales.

Considerando la importancia que tiene el cómo aprendemos a socializarnos desde la primera infancia dentro del ámbito familiar, ¿qué consecuencias para los y las niñas puede tener que dicho ámbito, lejos de ser funcional, gire en base a una situación de violencia de género?

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, reconoce por primera vez a hijos e hijas como víctimas de este tipo de violencia y existen otras medidas que contemplan líneas de intervención específicas de violencia machista. Sin embargo, aún son pocos los estudios que puedan ofrecer una mirada integral de cuál es la situación que  viven.

Según el estudio realizado por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género: “Las Víctimas Invisibles de la Violencia de Género”, la vivencia de adversidades en la infancia puede tener como resultado la aparición de trastornos psicopatológicos o de conductas no normativas. Presenciar cómo papá ejerce violencia (física o psicológica) a mamá durante un tiempo prolongado, la cual a veces concluye con asesinato, provoca que los y las hijas sufran niveles intensos y graves de estrés postraumático durante todo su desarrollo. A nivel educativo, se pueden observar alteraciones en el rendimiento, falta de atención, inquietud, descontrol de impulsos y de la ira, etc., rasgos que normalmente se diagnostican como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y cuya solución más frecuente suele ser la medicación.

Teniendo en cuenta que, según la Macroencuesta sobre Violencia contra la Mujer de 2015, un 63,3% de niños y niñas presencian episodios de violencia de género en su hogar, de los cuales, un 92,5% son menores de edad y un 64,2% además, han sufrido violencia directa, se pone de manifiesto la necesidad de poner en marcha medidas de protección, intervención y de reducción del daño desde el momento en el que se detecta una situación de violencia de género en la que hay menores implicados. Para ello, debería cobrar especial importancia una correcta formación a los y las profesionales que día a día trabajan con menores en el Sistema Educativo, así como en actividades extraescolares y de tiempo libre. De esta manera,  dispondrían de los instrumentos necesarios para detectar posibles situaciones de Violencia de Género, contando con un protocolo integral adecuado y adaptado a cada situación, que implique también una correcta derivación a recursos especializados independientemente de que se haya producido una denuncia previa de la madre o no. Los niños y niñas no pueden, no saben o no quieren denunciar la terrible situación que viven, por ello hay que prestar especial atención a cualquier tipo de conducta atípica que se pueda observar.

No hay que olvidar tampoco a huérfanos y huérfanas víctimas de violencia de género, puesto que su proceso de duelo es muy diferente a otro tipo de duelos. Sus madres han sido asesinadas por la violencia machista ejercida, en la mayoría de los casos, por sus propios padres. Por un lado tienen la etiqueta de huérfanos o huérfanas, pero por otro llevan la de ser hijos e hijas del “agresor, homicida o asesino”, pudiéndoles dificultar su desarrollo emocional y educativo. Es imprescindible poder contar con servicios psicológicos especializados y específicos de apoyo para los y las huérfanas de la violencia de género. Además, no se trata solo de la superación del duelo, sino que tienen que vivir con la inseguridad y el miedo de que el agresor-progenitor pueda seguir presente en sus vidas, haciendo que se sientan bajo permanente amenaza. Vivir constantemente en alerta. Tener miedo al futuro.

También sería necesario que existiera un servicio especializado para la “nueva familia” que se ha formado, ya que normalmente son familiares los que se hacen cargo de estos menores, teniendo que enfrentarse no únicamente a la tragedia, sino también a una reorganización de sus vidas en las que van a incluir a niños y niñas especialmente vulnerables.

Por otro lado, una vez producido un daño tan atroz sobre la vida, es de vital importancia repararlo en la medida de lo posible. El Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla Prieto, con la participación de Fundación Mujeres, es un fondo de ayudas para el desarrollo personal, apoyo educativo y reparación del daño dirigido a niñas y niños que han perdido a su madre a causa de la violencia de género. “Las características de la pensión de orfandad no se ajustan del todo a los criterios de indemnización y reparación del daño”, pudiendo “perderse en determinadas circunstancias como la adopción de estos menores por parte de su familia cercana” y, además, la mayoría de los y las menores no reciben pensión de orfandad si la madre no tenía cotizados los 15 años que exige la Seguridad Social. Cabe destacar que, vista la importancia que tienen los agentes de socialización en el desarrollo de la personalidad de los niños y las niñas, asegurar que puedan seguir estudiando juega un papel como factor de protección imprescindible en sus vidas.

 “Los huérfanos y huérfanas de la violencia sencillamente no han estado visibles durante mucho tiempo, convirtiéndose en herederos del silencio que, en muchas ocasiones, la mayoría, acompañó a la historia de sus madres. Y lo que permanece oculto, no puede repararse”. (Fundación Mujeres).

 

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