Violencia versus tecnología

La violencia puede adoptar distintas formas, como psicológica, física y sexual.  Es violencia psicológica, según se desprende del artículo 3 de La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género:

«La violencia psicológica materializada en toda conducta, verbal o no verbal que produzca en la mujer desvalorización o sufrimiento, a través de amenazas, humillaciones o vejaciones, exigencia de obediencia o sumisión, coerción, insultos, aislamiento, culpabilización o limitaciones de su ámbito de libertad, ejercida tanto por quien esté o haya estado ligado a ella por análoga relación de afectividad, aún sin convivencia,  como por hombres de su entorno familiar, social y/o laboral«.

Estamos en la Era Digital donde campea a sus anchas una nueva violencia que, con el uso masivo de las herramientas tecnológicas, perpetran personas controladoras, celosas y posesivas.

Internet es el lugar perfecto para aquellas conductas violentas realizadas bajo el alero del anonimato; mensajes de texto intimidatorios, imágenes circulando por Whatsapp reprimiendo conductas y libertades individuales de las adolescentes, etc. Esta inflamable viralización consigue que miles de personas usuarias sean testigos de un tweet, un mensaje de texto o publicación en alguna red social en cuestión de sólo unos segundos y, de forma instantánea, las mujeres  quedan expuestas al capricho del acosador.

Las formas de abuso en las nuevas tecnologías son diversas. Ees importante profundizar en ellas para poder abordarlas. En el marco de las conductas delictivas tipificadas en el Convenio sobre ciberdelincuencia del Consejo de Europa, se hizo alusión a algunas de  estas formas y su regulación. Podemos enumerar algunas de las formas de violencia tecnológicas más conocidas como, por ejemplo:

  • Cyberbulling: acoso entre iguales mediante las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) que incluye vejaciones, insultos, burlas, publicación de imágenes crueles, y humillaciones o difusión de información difamatoria. Se trata de un acoso intencionado repetitivo e intencionado.
  • Grooming: manipulaciones hechas por una persona adulta para ganar la confianza de un o una menor con el fin  de establecer una relación y obtener materiales de contenido sexual y/o materializar el abuso sexual.
  • Sexting: conducta que consiste en el intercambio de materiales audiovisuales de contenido sexual o erótico, principalmente través del móvil.
  • Sexcasting: grabación de vídeos de contenido sexual a través de la cámara web y su difusión por correo electrónico, redes sociales u otros canales.

La educación afectivo-sexual tiene carencias, ante una falta de su tratamiento de forma profunda, con calidad y un enfoque integral, las personas en edad adolescente acuden a la pornografía, sesgada de tintes muy violentos y machistas y perpetúan esta violencia, ya que las prácticas de violencia se aprenden principalmente de forma no reflexiva.  En las relaciones de pareja, la violencia puede confundirse con muestras de amor, violencia «invisible» que hace mella en la privacidad e integridad de las adolescentes que se ven obligadas a continuar con una relación dañina bajo amenazas de «airear» por su actual pareja y en las redes sociales o Internet su imagen en situaciones comprometidas sexualmente.

Hay que reconstruir los valores desde la tolerancia cero a cualquier manifestación de violencia, empezando desde edades tempranas en la etapa educativa y continuando en el entorno familiar, ahondando en estrategias para la prevención de sus manifestaciones en la faceta personal e incluso en la profesional, en la que también se producen.

Hay que  concienciar de la importancia de mantener relaciones basadas en el respeto y los buenos tratos.

Para más información puedes acudir a los siguientes enlaces:

 

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